Convivir con la enfermedad: Espondilitis Anquilosante

Hace varios años fui diagnosticado por los médicos especialistas de esta enfermedad autoinmune. Su diagnóstico fue rotundo y no daba lugar a dudas. “Usted tiene Espondilitis Anquilosante, una enfermedad que no tiene cura y los síntomas van en aumento con la edad”.

Hasta se me hace raro escribir el nombre en el título, hace tiempo que ni siquiera la menciono y ha surgido una sensación de viejo recuerdo de dificultad, de frustración.

Hace varios años fui diagnosticado por los médicos especialistas de esta enfermedad autoinmune. Su diagnóstico fue rotundo y no daba lugar a dudas. “Usted tiene Espondilitis Anquilosante, una enfermedad que no tiene cura y los síntomas van en aumento con la edad”.

Este diagnóstico llegaba tras meses de pruebas y mucho dolor físico. Lo peor no era el dolor físico sino el no saber que lo provocaba, qué podía hacer para aliviarlo y cómo sería el futuro. Mi vida por aquel entonces giraba en lo personal y profesional alrededor de la actividad física por lo que el impacto en mí era importante; no podía realizar mis actividades favoritas, tampoco podía trabajar.

La propuesta de la medicina tradicional eran pastillas diarias, infiltraciones y operaciones futuras. En un primer momento, desde mi desesperación, necesidad y frustración me resigné a aquellos pronósticos tan poco alentadores. Recuerdo cómo parecía volver a nacer el primer día que me tomé una pastilla y me levantaba de la cama sin apenas dolor. “¡Puedo volver a andar!” me decía a mi mismo con una radiante sonrisa y toda la ilusión del mundo.

En un primer momento las pastillas me ayudaron enormemente y gracias a ellas comencé la remontada. Tuve la suerte de que la vida me invitara a no conformarme y la valentía de buscar alternativas.

Por aquel entonces era una persona muy inconsciente, con pocos recursos como persona en la gestión de mis emociones, las relaciones, etc. Más adelante observé como las dificultades que viví como adolescente hicieron que me cerrara y me protegiera adoptando este tipo de conducta con la creencia de que así estaría protegido. Entonces descubrí y pude abrazar mi “coraza”, tantos años conmigo y tan fuertemente integrada que ni siquiera la podía ver. Cómo cuando miras a través de unas gafas; no ves el cristal, sólo influye en todo lo que ves.

A este motor del dolor físico y del miedo a que esta situación se cronificara se sumó el motor del amor. En aquel momento salía con una maravillosa mujer a la que amaba, lamentablemente desde mi inconsciencia y nulas habilidades, por lo que nuestra relación no fue fácil. Esto me ayudó a buscar en lo más profundo de mí en busca de nuevos paradigmas desde los cuales comprenderme a mí y a la vida.

Comencé a meditar y sobre todo a tomar la actitud de aprendiz ante la vida. Comencé a cuestionarme absolutamente todo, recuerdo que fueron meses de mucha incertidumbre y dificultad puesto que las bases de mi mismo y de mi vida se tambalearon completamente.

Conocí a una mujer que durante años fue mi mayor apoyo en este proceso personal de reinvención, me ayudó a enfocarme en las posibilidades más que en las pérdidas, me enseñó cómo enfocar desde la aceptación estas situaciones tan difíciles, con ella comencé a ver un mundo nuevo en el que todo estaba relacionado y donde la vida tenía sus propios planes para nosotros más allá de nuestra limitad mente. De ella aprendí el método Reordenación de la postura y conciencia corporal, con el que encontré alivio físico y desde el que comencé este maravilloso camino de descubrimiento y armonización. Tuve el privilegio de poder trabajar junto a ella durante varios años, disfrutando y aprendiendo a partes iguales.

Mi cuerpo había mejorado enormemente durante estos años, seguía sin poder hacer deportes de impacto, incluso las caminatas por la naturaleza me dejaban secuelas durante un par de días, pero ya no vivía continuamente con dolor. También la vida se fue ordenando en otros aspectos, con su inteligencia y orden universal que por aquel entonces comenzaba a intuir.

Comenzaba a surgir en mí la sensación de algo más profundo, de una verdad mayor, una perspectiva ante la vida completamente distinta a como hasta aquel momento la había vivido. Esto me llevó a comenzar a participar en propuestas espirituales, conocer gente con una visión más amplia con unos enfoques de la salud desde la holisticidad del ser. Comencé entonces a mirar más allá de mi cuerpo, profundizar en las prácticas meditativas, trabajar mi lado emocional, emplear la alimentación como fuente de salud, comprender la influencia de cada pensamiento en nuestro organismo. Resumiendo, comencé a experimentar y comprender como la vida se manifiesta de diferentes formas pero es una sola.

Mi vida comenzaba a tener sentido, llegando a agradecer algo tan doloroso para mi como fue la aparición de aquella “enfermedad”, las rupturas y dificultades en las relaciones personales y laborales. Comencé a sentirme guiado por el flujo de la vida, disfrutando con la incertidumbre desde la confianza en la sabiduría universal, dios, vida… cada cual que lo llame como lo sienta. Todas las dificultades por las que había pasado no eran otra cosa más que aprendizajes y hasta ese momento me estaba negando a mí mismo y a la propia realidad adoptando actitudes de lucha, queja, control, etc.

Cuando comencé a trascender todos estos bloqueos que yo mismo había creado, reconducir mis hábitos de vida, fluir con lo que la vida me deparara más allá de los intereses de mi mente egoica, acoger el dolor y la dificultad como una parte natural de la vida que estaba experimentando para aprender y trascender un aspecto de mi.

Entonces, dejé de sentir el dolor que desde años me acompañaba diariamente. Cuando realmente acogí la posibilidad de que fuera mi compañera de vida, como si hubiera sido una gran prueba de vida, me liberó.

Hoy puedo volver a correr, hacer deportes intensos de montaña durante 8 horas, entrenar con intensidad.

Hoy puedo hacer todo aquello que un día la vida me negó, no para quitarme algo, sino para hacerme ver algo que no estaba queriendo ver.

Agradezco desde lo más profundo de mi todas estas experiencias que he vivido, las agradables por placer, las dolorosas por haber aprendido muchísimo de ellas, agradezco a todas las personas con las que he compartido mi camino porque han sido mis grandes maestr@s.

Hoy soy el mismo Ander que hace años, solo que disfruto mi vida de otra forma. Vivo de forma consciente, dedicándome tiempo y amor a mi mismo para armonizar mi cuerpo, cultivar una mente calmada y positiva, escuchar y aprender de mis emociones, emplear la alimentación como fuente de vida…

Tal vez ahora puedas comprender mejor porqué estoy aquí, invitándote a creer en ti y buscar tu propio camino de vida, con autenticidad y confianza. Creo que tu, al igual que hice yo, puedes reconducir aquello que se haya desviado, potenciar los hábitos que te ayuden a encontrar tu equilibrio y bienestar.

Creo que solucionar en un primer momento nuestras necesidades más evidentes como puede ser el dolor físico es una buena forma de comenzar, encontrando así mayor bienestar. Creo también que muchas veces en el cuerpo se manifiestan desequilibrios a otros niveles como pueden ser emocionales, actitudinales o nutricionales, por ello para encontrar la plenitud es importante equilibrar cada plano en sí y armonizar su globalidad.

Este fue mi camino hacia una vida plena y feliz, ¿Cuál quieres que sea el tuyo?

Recurso externo de valor:

Artículo NCBI (Biblioteca Nacional de Medicina de E.E.U.U.) “La modulación dietética del microbioma afecta la enfermedad autoinflamatoria”.

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25274309

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