La religión de tu Ser Esencial

Una reflexión personal sobre mi relación con las religiones, cómo lo vivo y cómo trato de integrarlo en mí. Ojalá esta propuesta pueda inspirarte.
conviértete en tu Dios, en tu guía, en tu inspiración

Desde que recuerdo he sentido rechazo por las religiones. Siempre he pensado que era debido a mi experiencia de vida, empezando por que no estoy ni siquiera bautizado y habiendo vivido situaciones digamos incómodas con el cristianismo podía ser razonable. Toda mi vida he percibido el rechazo de mi padre hacia la iglesia y eso me ha marcado mucho, sin duda. Agradezco que ello me propusiera una mirada crítica hacia esta casi imposición de la sociedad en la que vivo (sobre todo en mis primeros años).  Pero intuyo que mi rechazo hacia cualquier religión va más allá de mi experiencia de esta vida, hay algo más profundo en mí. Algo que nunca sabré pero que siento.

 

Me pregunto por ello, me despierta curiosidad. ¿Qué hay en las religiones que despierta tal rechazo en mí? ¿Qué es una religión? ¿Qué me propone la religión? ¿Qué implica ser religioso? ¿De dónde viene este rechazo por la religión?

Tratando de encontrar la pregunta adecuada voy respondiendo las que aparecen y observo mi desconocimiento profundo sobre el tema. Aún con ello, y como no puede ser de otra forma, tengo mi propia opinión al respecto.

La religión me propone algo que para mí es innegociable, ceder mi poder personal. Que algo o alguien externo me diga lo que está bien o está mal, lo que es bueno o malo, cómo he de entender la vida y vivirla, etc.

Cuando leo y estudio el mensaje de Siddhartha Gautama Buda o de Jesús de Nazaret siento expansión, gozo, ilusión, libertad, amor, alegría, unión… Sin embargo, cuando me acerco al budismo o al cristianismo siento represión, contracción, cierre, castigo, perdida de libertad, separación… 

No entiendo cómo de los mensajes de estos seres sabios e iluminados se ha llegado a elaborar estas religiones que para mí son dogmáticas y represivas. En mi opinión y repito, personal y desde el desconocimiento, estas religiones proponen justo lo contrario del mensaje “de su creador”.

 

Tal vez el ser humano necesita encasillarlo todo, etiquetarlo, dualizarlo, controlarlo todo y a todos y algo que no comprendo pero que es muy evidente en la sociedad en la que vivo, delegar en los demás. Delegamos nuestra salud, la educación de nuestros hijos, el rumbo y orden social, hasta nuestra propia fe y comprensión de la vida… Delegamos lo más importante en personas que ni siquiera conocemos.

Con ello estamos cediendo nuestro poder personal, estamos cediendo nuestra libertad, nuestra autonomía. Como se suele decir estamos vendiendo nuestra alma al diablo y creo que lo hacemos para sentirnos integrados en la comunidad, en el grupo, algo que se comprende sabiendo que somos seres sociales. El peligro es que hemos creado una sociedad enferma que nos promete una aparente comodidad y una pseudo felicidad a cambio de lo más importante que tenemos como personas, nuestra integridad y libertad.

 

Volviendo a la religión me doy cuenta de que, si la religión nos dice cómo entender la vida, como relacionarnos con nosotros y el prójimo, lo que está bien y está mal, etc. contrariamente a lo que siempre he creído, sí que soy religioso. Es más, todos, hasta el más ateo es religioso. Todos tenemos nuestra propia religión. Aunque debajo del paraguas del cristianismo haya millones de personas, encontramos millones de religiones, tantas como personas ya que cada cual tiene su interpretación propia.

 

En mi religión yo soy mi propio Dios, también lo eres tú, y mi perro, y una yegua que pasta plácidamente con su potro en el prado, y el propio prado, y la lluvia que riega el prado, y la Tierra… La vida que nos vive es mi religión y el Ser Esencial es mi Dios.

En mi religión, nadie me dice lo que está bien o está mal, ni siquiera mi propia mente egoica y condicionada puede, ya que es la intuición y sabiduría de mi Ser Esencial la que sabe sin ninguna duda qué está bien y qué no lo está. 

De hecho, no hay un bien o un mal dogmático. Lo que hoy es para mí y me sienta bien mañana puede no serlo. Somos seres en constante cambio, en evolución eterna, somos seres impermanentes al igual que todo lo que nos rodea. ¿Cómo el bien o el mal va a ser algo fijo e inamovible? Y aún más allá ¿cómo alguien puede decirme lo que está bien o no para mí incluso sin conocerme?

En mi religión también rezo, rindo culto a mi mente y mi cuerpo con la meditación creando silencio y consciencia, con el bodyfulness que me ayuda a mantenerlo funcional, energético y sano, con hábitos saludables de alimentación, descanso, etc. Con este culto al cuerpo-mente genero las condiciones más adecuadas para que mi Ser Esencial florezca y se manifieste. Desde este cultivo de mi interior vuelvo al exterior para relacionarme consciente y atento desde mi autenticidad y es en el respeto de mi autenticidad donde encuentro mi plenitud. Es en mi plenitud donde puedo dar lo mejor de mi y donde no hace falta que nadie me diga lo que tengo o no tengo que hacer, lo que es bueno o no es bueno para mí, lo que es pecado o lo que limpiará mi karma. Nuestro Ser esencial sabe perfectamente todo esto y muchísimo más.

Así que después de todo, soy una persona religiosa como la que más. Eso sí, yo soy el creador de mi propia religión y en ella nadie puede decirme qué está bien o está mal. En mi religión yo soy responsable de mis actos y sus consecuencias, yo soy la persona a la que rezar y encomendarme cuando las cosas no vienen bien dadas, y también soy la persona a la que agradecer cuando la vida me sonríe. Sobre todo, soy la persona que puede hacer que de la dificultad florezca el aprendizaje que le dé sentido a la vida. Así elijo las gafas a través de las cuales observo el mundo.

Este enfoque hacia dentro en lugar de hacia fuera es, de nuevo en mi opinión, el gran cambio que da sentido a las reglas de este juego llamado vida. Y es este cambio a su vez el que hace que yo sea el Dios creador en mi vida. Si yo soy el creador, soy responsable y no víctima, soy capaz y no incapaz, soy soberano y poderoso conmigo y con mis actos, soy la persona que puede elegir cómo entender y vivir mi propia vida, la persona que puede darme felicidad o sufrimiento, salud o enfermedad. Y esto lo es todo. Cuando nos permitimos ser nuestro propio Dios y no tener que rendir pleitesía a ningún otro Dios o incluso a la propia sociedad nos permitimos ser auténticos. Sólo siendo auténticos podremos encontrar la felicidad y el amor que somos y desde aquí aportar lo mejor de nosotros al mundo.

Todo ello no me hace distanciarme o sentirme por encima de nadie ni de nada. Al contrario, cuanto más conecto con mi Ser Esencial más conecto contigo y con todo. También en mi religión admiro, respeto y alabo tu Ser Esencial, el de mi perro o la madre Tierra tanto o más que a mí mismo. Desde aquí me siento parte del todo, incluido y acogido en el todo, la vida no es hostil sino generosa.

Al fin y al cabo, todos somos hermanos que del polvo venimos y en polvo nos convertimos.

 

Esta es la religión a la que rezo cada día en mi propio camino de búsqueda y evolución. Confío en que poco a poco me conduce hacia un lugar más auténtico y verdadero que es donde mejor me siento y desde donde mejor puedo aportar al mundo.

 

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