¿Tu cuerpo se queja? Descubre cómo aliviar y prevenir el dolor

En este artículo te invito a ir más allá del dolor desde mi propia experiencia. Para ello nos centraremos en reeducar la atención, comprender el lado "bueno" del dolor y cómo al transformar nuestra interpretación cambiamos nuestra vida.

Si tienes habitualmente dolor físico, estoy seguro que este post te va a interesar.

Yo también he pasado por momentos en mi vida en el que el dolor físico era como un punzón martilleante que estaba presente en todo momento. No solo eso, sino que además era una limitación para llevar una vida activa y feliz. Así que, si es tu caso, créeme que te entiendo.

Pero no estoy aquí para que nos lamentemos juntos. Lo que hoy quiero es animarte a ir más allá, y a no quedarte “atascada” en el dolor, como le ocurre a muchas personas.

Es muy habitual que aquellos que padecen dolor crónico (se entiende como tal aquel que dura más de 3 meses), lleguen a asociar su cuerpo con sentir dolor y, por lo tanto, establezcan una relación negativa con su propio cuerpo.

Y es que aunque el dolor se manifieste en un punto o en una zona concreta, la sensación es tan evidente y desagradable, que nos olvidamos de lo bien que está el resto del cuerpo.

La buena noticia es que, aunque el dolor es tan llamativo como molesto, podemos aprender a quitarle protagonismo y, con esto, disminuir las limitaciones que nos impone(mos).

Para ello, voy a plantearte algunas reflexiones y propuestas que seguro, pueden ayudarte mucho a cambiar tu relación con el dolor y la forma de gestionarlo y evitarlo.

Reeduca tu atención

El dolor grita y, por ello, si no estamos atentos y eligiendo conscientemente dónde poner el foco, consigue secuestrar nuestra atención y convertirse en nuestro mundo.

Por eso, la primera propuesta que te hago es que reeduques tu atención para que, en lugar de ir constantemente a atender ese grito del dolor, puedas enfocarte en las sensaciones agradables del resto del cuerpo que, aunque mucho más sutiles, son muchísimas.

¿Cómo? Cada vez que sientas cualquier tipo de dolor físico, tómate unos minutos para recorrer con plena atención todo el cuerpo. Recórrelo centímetro a centímetro, tratando de centrarte únicamente allá donde se pose tu atención. Cada vez que la zona de dolor reclame tu atención, simplemente respira y continúa con tu viaje corporal.

Verás cómo durante el tiempo que dure esta práctica, tu sensación de dolor habrá disminuido y además, habrás hecho consciente lo agradable que se siente el resto del cuerpo.

TIP EXTRA. Pongamos que tu dolor está en la zona lumbar. En ese caso, prestar atención a tu zona abdominal, por ejemplo, realizando pequeñas activaciones musculares (como contraer y expandir la tripa), hará que tu percepción se centre en esta zona, y dejes de percibir el dolor de la espalda. Esto sucede porque ambas zonas comparten la misma vía neuronal y, por tanto,  nuestra atención solo puede “hacerle caso” a una de ellas.

Utiliza a tu favor el lado “bueno” del dolor

Es una sensación que no nos gusta, pero ¿te has parado a pensar que sucedería si no sintiéramos nunca dolor? Es algo que está muy relacionado con las erróneamente llamadas “emociones negativas”.

Vivimos en un mundo dual en el que juzgamos todo como bueno o malo y, en esta dicotomía, etiquetamos tanto el dolor como las emociones “menos agradables” como malos. Pero la realidad es que estos mecanismos de nuestro organismo son fundamentales para interactuar con el entorno y promover la vida.

El dolor, al igual que las emociones “negativas”, son mensajeros, nos dan información sobre algo que puede ponernos en riesgo. El dolor físico nos reclama la atención sobre algo que en nuestro propio cuerpo ha perdido el equilibrio y la salud, o algo que puede hacernos daño.

Así pues, el dolor forma parte de nuestro sistema defensivo y gracias a él, hemos llegado hasta aquí. Nuestra supervivencia depende de estas reacciones de nuestro organismo.

Cuando sentimos dolor, se desencadena una alerta que nos lleva a emprender una búsqueda para evitarlo. Y aquí está la clave y el gran aprendizaje: observar y transformar cómo buscas solucionar o evitar el dolor.

En este sentido, mi propuesta es clara: hazte verdaderamente responsable de tu situación y ocúpate con madurez de ello. Para afrontar el dolor de forma constructiva, tenemos que soltar el papel de víctima, y acoger nuestro protagonismo y liderazgo para con nosotros mismos. ¿Cómo?

  • Observa cuándo aparece el dolor y cuándo desaparece, para encontrar aquello que verdaderamente te sienta bien (y su contrario).

  • Observa qué hay detrás de no afrontarlo con toda tu energía y recursos, qué te limita, qué obtienes a cambiode no solucionar tu dolor (sí, aunque no sea consciente, siempre obtenemos algo a cambio de todo lo que vivimos). Si encuentras este “perverso” beneficio, estarás en posición de empezar a tomar acción.
     
  • Observa en profundidad tus hábitos de vida y tus relaciones (especialmente contigo) ya que aquí encontrarás una información muy valiosa sobre el origen del desequilibrio que desencadenó el dolor, y podrás hacer las transformaciones necesarias.

  • Observa cómo te relacionas con tu cuerpo. Estamos muy acostumbradas a no prestarle atención, pero es nuestro templo para la vida. Dedícale palabras de amor y agradecimiento, tiempo de calidad para cuidarlo con cariño y suavidad para relajar la tensión acumulada o estirar tus músculos. Te devolverá sensaciones más agradables.

  • Observa tu alimentación, este es un aspecto fundamental. Comemos todos los días, y nuestras elecciones determinan nuestra experiencia de vida. Por ejemplo, una alimentación antiinflamatoria, libre de químicos y tóxicos como el alcohol, el azúcar u otros estresores pueden marcar la diferencia en tu cuerpo.

Transforma tu interpretación

El tercer pilar más importante es nuestro querido (y desconocido) Sistema Nervioso, que es el encargado de nuestra supervivencia y de regular nuestra socialización.

Si ponemos nuestra energía en pelearnos contra el dolor, estamos poniéndonos contra nosotros mismos, ya que nuestro Sistema Nervioso Autónomo entra en el estado de lucha, huida o bloqueo, y esto influye directamente en los procesos de recuperación, como la cicatrización o desinflamación, por ejemplo.

Se ha demostrado que nuestra actitud, y la percepción que tenemos de cualquier situación, influyen en la capacidad de nuestro organismo para recuperarse y llevar a cabo el proceso de sanación. Es decir, nuestra forma de interpretar la realidad genera un entorno favorable o desfavorable para nuestro bienestar. Tu interpretación será el contexto con el que tu organismo se relacione y lo que determine tu experiencia de vida.

Y, en este sentido, debemos tener claro que podemos elegir cómo queremos vivir la vida.

Si afrontamos el dolor desde la queja, la rabia, la negación, la desesperanza… además de que la vida no será muy agradable, nuestro organismo y nuestro Sistema Nervioso estarán en continuo estado de alerta o bloqueo y, con esto, perpetuaremos el dolor.

Por el contrario, si lo afrontamos desde la observación, el aprendizaje y la responsabilidad, podremos tomar las medidas necesarias para liberarnos de él.

Así que quiero invitarte a que vigiles dónde pones tu atención y cuál es tu actitud en cada momento, cuando atraviesas procesos de dolor.

Y con el objetivo de que permitas que tu Sistema Nervioso Autónomo (SNA) entre en estado de flujo (el contrario al de alerta, huida o bloqueo), te propongo para finalizar algunos tips:

  • Nuestro Sistema Nervioso tiende a la corregulación y para ello se “apoya” en otras personas. Esto es debido a que somos seres sociales, necesitamos el grupo y la unión para sobrevivir y progresar. Por ello, un buen rato en compañía de personas que nos aportan paz, seguridad y bienestar puede que sea la mejor forma de ayudar a nuestro organismo a encontrar el equilibrio.
  • La respiración es un tema del que ya te he hablado anteriormente, en mi opinión una buena respiración es aquella en la que nuestro diafragma se mueve libremente ya que esto hará, además de una adecuada oxigenación, que nuestro nervio vago tenga un mejor funcionamiento. Recordarte que este nervio es uno de los más importantes para nuestro SNA y atraviesa por uno de los espacios de paso que encontramos en el músculo diafragma.
  • Vigilar nuestro diálogo interno también tiene una implicación directa en el estado de nuestro SNA. Con narrativas que se centran en los problemas en lugar de en las soluciones, que ven las carencia antes que la abundancia, la victimización antes que la responsabilidad, etc. vamos a promover un SNA en estado de alerta que va a bloquear el flujo natural y saludable de la vida.

Espero que este artículo te haya ayudado a comprender mejor la naturaleza holística del dolor y cómo transformar tanto tu relación con él, como la forma de afrontarlo para prevenirlo y sanarlo. Créeme, no es teoría.

Mis dolores, de los que te hablaba al principio, y los cuales eran para toda la vida según los médicos, llevan años sin aparecer. Y más aún, gracias a ellos pude atender los desequilibrios que tenía en mi vida a muchos niveles, y construir una experiencia mucho más plena y feliz.

Si quieres profundizar a nivel teórico y, sobre todo, práctico, sobre la comprensión y la gestión del dolor, te animo a descubrir el taller que realizaré próximamente en Lumbier (Navarra).

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