Unas vacaciones de mi mismo

Te cuento mi experiencia personal en un retiro de silencio y meditación en el centro budista Dag Shang Kagyu.

Esta frase puede resumir mi primera experiencia en un retiro de silencio. Suena paradójico e incluso puede sonar absurdo, pero te aseguro que es el mejor regalo que me he podido hacer. Experimentarme más de una semana sin comunicarme con otras personas, sin teléfono móvil, en plena naturaleza y realizando más de 9 horas diarias de meditación Samatha me ha llevado a lugares de mi que nunca antes había transitado.

Había oído hablar de estas propuestas y siempre me habían llamado la atención, a la vez que me despertaba cierto miedo. El miedo está siempre ahí al acecho y aprovecha cualquier recoveco para salir. Sentía inseguridad por si iba a ser capaz de mantenerme bien conmigo mismo, de si iba a ser capaz de aguantar tantas horas meditando, si mi cuerpo iba a poder aguantar en la postura, vaya, que por miedos e inseguridades no sería.

Durante el primer día y medio pude ver lo lejos que estaba de mi paz, de ese lugar de armonía en el que algún tiempo atrás viví. Sabía que me había dejado llevar por todo lo que supone ser autónomo; crear nuevos proyectos, realizar clases presenciales y online, redes sociales… ¿Pero tanto? Constantemente mi cabeza se despistaba con todos los proyectos, las tareas que no había solucionado antes de llegar al retiro, el final del curso y el inicio del próximo… ¡Sufro de incontinencia mental! Así fue el comienzo de mi experiencia: un golpe de realidad que me presentaba la realidad que vivía y que de alguna forma trataba de esquivar. Supongo que me entiendes si te hablo de dejar para después aquello que aún sabiendo que me va a sentar bien, despierta cierta pereza y recelo. Cuando te sumerges en una propuesta como este retiro, en clases semanales o en propuestas grupales es mucho más fácil “obligarse” a llevar este tipo de prácticas a cabo.

Con el paso de los días mi mente se iba serenando poco a poco e iba siendo capaz de orientar mi atención. Ella se volvía a despistar con distintos pensamientos o sensaciones corporales una y otra vez, pero toda mi energía estaba enfocada en darme cuenta de ello para volver de vuelta al foco de atención y permanecer. Algo aparentemente tan sencillo como esto y que tal vez por ello nos resulte a veces tan difícil de creer, por lo menos hasta que lo experimentas en ti, es la base para sembrar la paz y la serenidad que todos buscamos en nosotros.

Con ello esas sensaciones ya conocidas de calma, bienestar y conexión profunda se fueron haciendo paso. Mis pensamientos bajaban su frecuencia y fuerza dejando tras de sí un espacio para el silencio y la quietud conscientes. Con los días iba recordando lo bien que sienta estar en conexión con uno mismo y la naturaleza. Disfrutar el ritmo natural que pulsa en nosotros es la forma más clara y rotunda de experimentar la paz y plenitud que habita en mí. Realmente no echaba de menos hablar con nadie, ¡al contrario, estoy feliz en el silencio y la quietud! Tampoco echaba de menos mi móvil, ni todas las historias que atrapan mi mente sobre todo en lo relacionado con el trabajo.

Llegué al último día que, no por casualidad era mi cumpleaños y disfruté de mi día especial en silencio y profunda conexión conmigo mismo. Nadie sabía que era especial para mi por lo que no recibí halagos especiales, no recibí mensajes o llamadas con conversaciones rutinarias, de hecho, seguía sin comunicarme con nadie. Simplemente era un día más, viviendo de forma austera en el monasterio y dedicándome de 7 de la mañana a 10 de la noche a meditar y recibir enseñanzas de Lama Shezang y Lama Yudron acerca de este camino de descubrimiento y potenciación personal que es al fin y al cabo la meditación. Esta vez celebré una vuelta al sol en silencio y en profunda armonía conmigo mismo, las personas y la naturaleza que me acompañaban. He de decir que fue un maravilloso regalo, probablemente no haya regalo mejor que fluir en armonía con la vida que se manifiesta.

A menudo tratamos de acelerar el ritmo de la vida para llegar a más, a menudo bajo nuestras tendencias inconscientes, entrando en un círculo vicioso de exigencia, tensión, insatisfacción, desvalorización, miedos, culpabilizaciones… Todo ello, creo que tiene un origen común; alejarnos de nuestra naturaleza.

Yo me se la teoría, la he estudiado en diferentes cursos, con diferentes maestras, e incluso la propongo cada semana en las sesiones grupales o personales. Tal vez por ello me dejé llevar hasta el punto de salirme de mi y perder mi centro. Tal vez me dejé llevar por esa parte egoica que peca de sabelotodo y superioridad.

Por todo ello, esta nueva experiencia ha sido una maravillosa toma de consciencia personal. Un baño de realidad en el que he podido reconectar con mis tendencias inconscientes, con mis dificultades y carencias, con mis valores o con mis recursos personales. Sobre todo, he vuelto a conectar con esa parte esencial, profunda y natural de mí que siempre está ahí esperando a que lo deje todo para abrazarme y acompañarme hacia el flujo y la plenitud, para guiarme hacia la sencillez y la quietud en la que, para mí, se fundamenta una vida plena y saludable.

No sé a ti, pero a mí me resulta muy fácil dejarme llevar por esas ganas de “más” aparentes. Aun sabiendo que en realidad me dirijo hacia el “menos”. Es paradójico y evidente a la vez. Si no respetas tus tiempos, si no dedicas tiempo a serenar la mente, si no cuidas tu cuerpo, tu alimentación, etc. y por otro lado te zambulles en la exigencia del “querer llegar a” entras en un círculo vicioso que te mantiene en la insatisfacción infinita ya que nunca nada es suficiente. Todo se puede mejorar, siempre quedan cosas por hacer, siempre queda alguien a quien llegar, etc. 

Por todo ello, esta nueva experiencia ha sido una maravillosa toma de consciencia personal. Un baño de realidad en el que he podido reconectar con mis tendencias inconscientes, con mis dificultades y carencias, con mis valores o con mis recursos personales. Sobre todo, he vuelto a conectar con esa parte esencial, profunda y natural de mí que siempre está ahí esperando a que lo deje todo para abrazarme y acompañarme hacia el flujo y la plenitud, para guiarme hacia la sencillez y la quietud en la que, para mí, se fundamenta una vida plena y saludable.

Una vez más la luz de la vida superó con creces a la oscuridad de los miedos que la atenazan. Me alegro de haberme permitido vivir esta experiencia y no haber sucumbido a mis miedos o haberme dejado atrapar por mi zona de confort. De hecho, tenía programado el inicio de las vacaciones de mi familia de tres para esas fechas y también supuso una adaptación para todas las partes. Estoy seguro que a mis compañer@s les puedo aportar mucho más desde mi centro que desde esa parte despistada en la que me venía convirtiendo.

Te animo a que tu también te permitas en esta época vacacional enfrentar tus miedos y realizar algún movimiento (el que ahora sientas más apropiado para ti) que te acerque a la serenidad, la quietud, la autenticidad que habita en lo más profundo de ti.

Un fuerte abrazo y hasta la próxima

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